La vivienda nace de una parcela en esquina, irregular y atravesada por una fuerte diferencia de nivel entre dos calles. Esta condición topográfica no se entiende como una limitación, sino como el punto de partida para organizar el programa y construir una relación singular entre acceso, paisaje y vida doméstica.
La propuesta toma como referencia la arquitectura de los secaderos de tabaco de Granada: construcciones de geometría rotunda, materialidad sobria y una relación muy precisa con la ventilación, la sombra y el ritmo de sus envolventes. Esa inspiración no se traslada de forma literal, sino reinterpretada a través de volúmenes sencillos, planos continuos, huecos controlados y elementos de protección solar que filtran la luz y aportan profundidad a la fachada.
El resultado es una vivienda contemporánea que dialoga con la tradición rural granadina sin reproducirla, recuperando de los secaderos su austeridad, su ritmo, su capacidad para tamizar la luz y su vínculo directo con el clima.



